lunes, 3 de julio de 2017

LA GRAN MEDICINA GRIEGA.


Vuelvo a levantarme muy temprano. Esta vez no es para lanzarme a la calle a descubrir bellezas desconocidas de un tiempo lejano o no tanto, si no para volver a la fábrica, al obstinado ritmo de las máquinas, a las consabidas maniobras realizadas una y otra vez, día tras día.
Pero hoy es distinto. Hoy en mi cabeza revolotea Teseo dando muerte al minotauro y regresando a la vida por el laberinto de Knossos gracias al hilo de amor que Ariadna le dío.
El gran Zeus y las infinitas columnas de su templo, la victoriosa Niké, el hermoso Hermes, Apolo, Afrodita, Atenea y su Partenón, las Cariátides magníficas.
Revolotean los monasterios de Meteora, Sta. Bárbara con sus truenos, San Nicolás elevándose hasta lo imposible para acercarse a dios. Tras el aguacero, el fresco olor a bosque.
Revolotea Corinto que a golpe de pico y pala abrió el Jónico al Egeo haciendo del Peloponeso una isla.
Delfos, ombligo del mundo a los pies del monte Parnaso. Elegida por Apolo (que venció a la pitón y que se convirtió en delfín para atraer barcos cretenses) oráculo de los hombres.
El camino a Olympia entre cipreses, olivos, higueras, para llegar a su deliciosa grandeza. Allí salían a la palestra y se coronaban de olivo, los jóvenes más recios y capacitados del momento. En distintas fechas pero también había competición femenina.
Epidauro y su concepción integral de la salud. La tragicomedia y el gimnasio como medicina para mente y cuerpo. Expulsar los monstruos que nos habitan por medio de su impecable teatro.
Micenas con su grandiosa Puerta de los Leones y su Tesoro de Atreo, la tumba de Agamenón.
Revolotea Nafpaktos, conocida por nosotros como Lepanto donde se libró la transcendental batalla contra los turcos y en la que nuestro más insigne escritor, Miguel de Cervantes, perdiera su brazo en combate sin igual.
El lugar donde Leónidas, rey de Esparta y sus 300 cayeron emboscados por la traición de Efialtes, a manos del gigantesco ejército de Jerjes el Persa.
El paso de la Termópilas quedó regada con su sangre y con la de los olvidados Tespios.
Revolotea Lefteris sabio entre los sabios que nos mantuvo boquiabiertos cuatro días, sumergiéndonos en un torbellino de erudición.
Y Atenas, la ciudad de los brillos, el bullicio, los aromas. El olor a café griego a orégano, menta, hierbabuena, eneldo, pimienta...musaka y gyro, sublaki y tzatziki (salsiki para los amigos), deliciosos tomates, aceitunas, pistachos, almendras...
En cada esquina una sorpresa, un templo, una biblioteca, una canción. La gente amable, atenta con el visitante y alegre pese a la adversidad.
Revolotean mis compañeras de viaje, divertidas a más no poder, generosas, que han hecho de este puñadito de días una gran medicina griega.
A Nuria, Esperanza, Espe, Irene, Maricruz, Celia, Paco, Venancio y mi querido Eduardo.

Sol.
31 de Agosto de 2015



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