martes, 24 de abril de 2018

Acariciar un libro.



Me llega con lazo,
de la mano de mi amiga.
Nada más verlo, adivino su hechizo.
Esa bandeja de coloridos dulces espolvoreados de azúcar,
que sostiene un brazo desnudo y blanco en contraste con la negra vestimenta.
Aunque no se vea su cara, es joven,
esa mano es joven,
el mechón castaño
que le cae sobre su pecho, es joven...
En el centro,
un nombre desconocido para mí
(luego descubriré que también para el resto del mundo), Luisa Carnés y
un poco más abajo un título:
"Tea Rooms. Mujeres obreras" (1934)
Epílogo de Antonio Plaza
(esto me encanta, no hay prólogo).
El prólogo te aleja del ansiado capitulo I, sin embargo un buen epílogo
dulcifica la separación de
ese amor inquebrantable
que todo lo llenó
durante unos cuantos días.
Casi me olvido del minúsculo robot
que habita la esquinita derecha!.
Es el ingenioso logo de la editorial
"Hoja de Lata".
Abro por fin el libro y me encuentro
con una pequeña reseña biográfica de Luisa y su sereno retrato.
Qué bella!
En estas pocas líneas se vislumbra
una vida difícil pero muy intensa, marcada por la pobreza, el talento,
el compromiso político,
la mala suerte de aquella generación
y la maldita coyuntura histórica.
Paso las guardas y anoto:
      Pacita.
              Enero 2018.
...mientras,
empiezo a acariciar el suave papel
sobre el que comienzan a aparecer
las palabras escritas por ella,
hace 84 años.


No hay comentarios:

Publicar un comentario