Qué corto se hace el tiempo
en el que el escandaloso chillido de los vencejos
me despiertan recodando la feliz primavera.
Esta mañana les eché de menos, como a ti.
Te soñé y me acogiste sin saberlo, en tu regazo fresco
cuando la soledad cruel se apoderó de mi sueño.
Abre los ojos niña!,
los vencejos se fueron y tú estás sola.
El tórrido verano se ceba en las ausencias de los cielos.

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