Hoy el cielo rabia
como nunca antes lo había hecho Alberto.
Nos lanza colérico
rayos, truenos, centellas,
que luchan denodadamente
por ser el más cruel de los fenómenos.
Ayer, el sol lucía
espléndido, radiante, completo
pero cruel también.
La tarde apacible no sabía de ruidos
más que el del llanto amargo e inconsolable de tu gente,
el de los pájaros,
ajenos a nuestro dolor eterno
el de una ligera brisa que mecía tus flores
y el pelo de Amparo
ahogada en la pena infinita,
el de la desolación era el que más se oía.
Qué cruel el rayo que me parte,
el trueno que me aturde,
el relámpago que me ciega.
Pero nada más cruel Alberto
que tu partida.
Sol


Precioso Sol, tu poema expresa toda la rabia, el dolor y la pena que sentimos por su partida.
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