Me calcé unas zapatillas y eché a andar,
a caminar ligera por la avenida, única calle del barrio
que no apunta endiabladamente hacia los cirros del cielo.
Ella discurre tranquila, llana, amable y sanadora
hasta las primeras lomas del cementerio.
Necesito fijar D en mis huesos cavernosos y frágiles con el magnífico sol de Febrero.
Me encanta Febrero!.
Sí, ya sé que va con minúscula
pero me gusta darle importancia.
Febrero nos regala las primeras señales de que el invierno va ceder,
siempre lo hace aunque se haga el duro.
Sí, se llevó a mi amigo y a un hermano
pero me trajo un niño, el niño de mi niña, el niño de aquel hermano.
Nos trae las cigüeñas Febrero y el cautivador canto de los mirlos al clarear.
Sí, me acompañan del coche al portal
cuando vuelvo de la pena con el cuerpo desolado,
clamando por una taza de leche caliente que me devuelva mis 36°C y el sosiego.
A veces los grabo,
estamos solos los mirlos y yo, el amanacer nos pertenece.
Me encantan los mirlos!
Es tan pequeño Febrero, pero le cabe tanto!
Ahora también le cabes tú.
Sol.
Recomendable poner los dos videos a la vez!!
Canto del Mirlo

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