Qué fría dejas mi alcoba,
qué gélida queda mi casa.
Un espléndido sol inunda la calle
y entra bestial por la ventana, pero...
qué fría me queda el alma.
Entras como un paladín,
espada en ristre y ardor guerrero.
De pronto existo, me creo algo.
Me creo leño y ardo voraz.
Pero el reloj severo,
terco siempre en tu muñeca,
marca inexorable
el momento que ocupo,
cada vez más pequeño,
minúsculo se podría decir.
Voy a desaparecer.....
Sol
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