domingo, 29 de abril de 2018

Con el nudo en la garganta.


Llegaba la hora de la verdad
después de meses de espera.
Ponemos la radio Isa y yo,
con los nervios agarrados al estómago
que barrunta la tragedia
de que nada ha cambiado.

La desolación se apodera de mi cocina brillante y
limpia como los chorros del oro
en contraposición, la porquería nauseabunda
que habita la mente podrida
de ese juezo opusiano, tan fétida como
las inmundas y sucias pollas de La Manada.

Porque todas sabemos lo que es el miedo.
Porque todas sabemos lo que es ser abusadas.
Porque todas sabemos lo que debe ser, ser violada.
Porque todas sabemos lo que es que no te crean.
Porque todas sabemos lo que es callar.
Porque todas sabemos lo que es la culpa por el delito de otro.
Porque todas sabemos lo que es el dolor del silencio.
Porque nos han humillado a todas, con esos 371 folios de dolor e ignominia.

Por eso llenamos a reventar las calles de Madrid, Iruñea, Bilbao, Barcelona
y tantas otras ciudades y pueblos de esta España triste.
Por eso todas dejamos lo que estábamos haciendo
y nos unimos en un grito de dolor y rabia.
Sí hermanas, algo sí ha cambiado... ya no estamos solas,
nadie nos va a hacer callar.

Después de recorrer la ciudad durante horas
Corina y yo abandonamos la marcha y nos sentamos
en un banco de piedra del Paseo del Prado,
hace una noche divina y comentamos
las extraordinarias emociones que hemos vivido,
lo bonito que está Madrid y un par de achaques.

Son casi las 11 de la noche y sigo caminando (ya sola)
hacia Cibeles para coger el 20 hacia casa.
Carmena nos ha iluminado de violeta la fuente de la Diosa,
Carmena ha iluminado Madrid.

El bus va muy lleno y toca ir de pie.
Al mi lado, apoyado en el respaldo blandito del bus pero de pie,
va un chaval de 18 o 19 años y con una dulzura que me sorprende
(por lo inusual en estos tiempos),
me ofrece amablemente su respaldo acolchado:
"También vengo de la marcha y estoy agotado, apóyese aquí, irá mejor"

Supongo que reparó en la chapa feminista
que llevo siempre en la funda de mi flauta
(sí, me acompañó toda la tarde evocando la Carmen de Bizet).
En ese momento reparé en que no estaba cansada.
La adrenalina me recorría aún todos los músculos de mi cuerpo,
estaba eufórica.
Charlamos unos instantes y le dejé seguir disfrutando
de su música y su respaldo blandito.
Antes de bajar en mi parada, cruzamos nuestras miradas,
cómplices de la portentosa experiencia vivida.
y nos despedimos con la mejor y
más sincera de las sonrisas.

Qué rostro más dulce, qué tierno!
cómo el de los hombres buenos de mi vida,
cómo el de los cientos de hombres que recorrieron la ignominia a nuestro lado.

"Ya no estás sola"
 "Hermana yo sí te creo"
  #cuéntalo




https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=1917401011627053&id=100000715175610

https://youtu.be/cEskfvmmghY


2 comentarios:

  1. Hermoso poema, en el que expresas todos los sentimientos buenos y malos que tenemos con lo que ha sucedido. Gracias Sol.

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  2. Gracias x poner en palabras lo que a algunos nos ha sido imposible por la rabia cerrando las gargantas

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