Querida Irene:
Despido tu libro entre las mismas lágrimas, quizás más amargas aun, que las que se escaparon de mis ojos en aquella cena ficticia, en la que Clara y Victoria viajaron, dolorosamente, del reproche a la sororidad.
Me quedo con una sensación entre vacío y rabia, siento esta rabia impotente muy a menudo en estos tiempos.
¡Qué crueldad tan desmesurada derrocha el mundo, demostrando la zopenquez que nos rodea!
El olvido, la más brutal.
La invisibilidad, la más frecuente entre las mujeres.
Se acerca del 8M y como cada año, y ya son casi 40, gritaré y saltaré (si la artrosis me lo permite) los mismos eslóganes, las mismas reivindicaciones históricas que Clara demandó.
Porque sí, "en principio" podemos votar,
"en principio" podemos estudiar, "en principio" podemos elegir,
pero al final, el patriarcado sigue
sin dejarnos ser.
Un fuerte abrazo.
Sol.
Escrito al sol,
frente al LYCEUM CLUB FEMENINO de Madrid, un día de marzo del año 22.

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