jueves, 28 de abril de 2022

¡Amnistía, libertad!

Hoy, que Juan Diego nos ha dejado para siempre, me vienen a la memoria aquellos días en los que coincidí con él, aunque él nunca lo supiera. 

Delgado, pantalón negro pitillo, chupa de cuero con el cuello subido, un cigarrillo en la mano y una potente voz que nos animaba al salto*:

 -Compañeroooos (por aquel entonces no se estilaba el lenguaje inclusivo), a las 12 en San Bernardo, gritaba en las calles aledañas a La Gran Vía. 

- ¡Guerrilleros** suben por Leganitos!, avisaba. 

A mis 16 años, su imponente presencia me azoraba y a la vez hacía de mí, la muchacha más valiente del mundo. 

Al mismísimo infierno hubiese ido tras él, a la sima negra de la DGS*** aunque me temblaran las piernas. 

A pesar del tiempo pasado, le recuerdo nítidamente, apuesto y revolucionario, el no va más. 

Siempre le seguí como actor. 

Desde el Estudio1 hasta su Ricardo III en el Teatro Español, incluso el Don Lorenzo de Los Hombres de Paco y por supuesto el cabronazo Señorito Iván de Los Santos Inocentes. 

Al revolucionario, al actor, al hombre... 

A Juan Diego 


*fugaces manifestaciones de un extremo a otro de Madrid para despistar a los grises. 

**de Cristo Rey, paramilitares de extrema derecha que salían a golpear y/o matar rojos impunemente. 

***Dirección General de Seguridad (detenciones y torturas en la Puerta del Sol).



 

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